Todos comerciamos, compramos y vendemos mercaderías, vamos al mercado hablamos con el comerciante y odiamos a los mercenarios. ¿Cuándo nació esta verdadera familia de palabras?
A finales del Neolítico se descubrió la agricultura de susistencia, es decir para el consumo diario y personal, pero con el desarrollo de las técnicas, las cosechas obtenidas eran cada vez mayores y el sobrante se cambiaba por otros bienes como animales, vestidos, armas. Más adelante se suma el intercambio con servicios como herrería, cerámica y otros
Ese intercambio se llamó trueque, es decir se trocaba un producto en otro. El principal inconveniente de este tipo de comercio es que las dos partes involucradas en la transacción comercial tenían que coincidir en la necesidad de las mercancías ofertadas por la otra parte. Por eso este tipo sistema fue dejado de lado rápidamente cuando apareció la moneda Históricamente ha habido muchos tipos diferentes de moneda como dientes de ballena, semillas de cacao, o determinados tipos de conchas marinas. Sin embargo, el más extendido sin duda a lo largo de la historia es el oro.
Hasta que apareció el dinero, el bendito dinero.
El uso del dinero en las transacciones comerciales supuso un gran avance en la economía. Ahora ya no hacía falta que las partes implicadas en la transacción necesitaran las mercancías de la parte opuesta. Los romanos, extendieron este concepto y empezaron a acuñar monedas que eran objetos especialmente diseñados para este asunto. Aunque estas primitivas monedas tenían el valor de la moneda explícito en ella. Es decir, estaban hechas de metales como oro o plata y la cantidad de metal que tenían era el valor nominal de la moneda. Es decir, valía por sí misma y no por el número impreso en ella. Una solución práctica para el comercio antigua.
El único inconveniente que tenía ese dinero era que, al ser un acuerdo dentro de una comunidad, podía no tener sentido un dinero fuera de ese contexto social. Por ejemplo, si el elemento de intercambio de una comunidad eran dientes de ballena, aquellos dientes no tenían ningún valor fuera de la comunidad. Hacia finales de la Edad Media, Génova era la ciudad comercial más importante. Apareció allí alguien que se sentaba en un banco en la plaza y cambiaba tipos de moneda: había nacido la banca y el cambista. Las caravanas se reunían en un punto y ofrecían sus mercaderías. Fue el origen del mercado y las ferias.
Elsa Scopazzo
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