Hace 40 años, cuando escuchaba la Marcha de la Bronca lejos estaba de
pensar que la iba a usar en un programa de radio y más lejos de tener que
contar que a mi hermano lo raptaron en su auto este sábado pasado desde la
puerta de la casa de nuestra madre en plena tarde, en el barrio de Villa Crespo.
Ya había tenido otros dos incidentes
parecidos más, pero como decimos ahora,
pudo zafar. El 911 actuó con prisa. Sí, gracias Policía por acudir cuando un
vecino llamó. Tengo que dar gracias a Dios porque está con vida. Sí: agradezco
a Dios y a todos los maestros que invoqué para que mi hermano aparezca vivo y
volver a abrazarlo.
Siento tanta impotencia, bronca y
miedo, que me faltan palabras!!.
Miedo de andar por la calle y de que
me pase algo o de que me arrebaten lo más cercano y querido que son los
afectos. Bronca porque los funcionarios desde sus escritorios, bancas, aviones,
helicópteros no corren los riesgos de vivir en esta Argentina tan insegura,
mientras sus familiares están amparados por custodios y guardias. Muchas veces
comenté que vivimos como en la época de los señores feudales y que quienes
estamos en la calle laburando, exponemos nuestro pellejo para pagar los
impuestos que nos imponen, sus fastuosos sueldos y privilegios. Impotencia
porque nuestras únicas armas son las lágrimas, los medios no oficialistas, las
marchas y los rezos. Impotencia, porque siento que en este país la justicia no
es justa. Quieren callarnos, quieren que no se sepa todo lo que pasa y creen
que son sensaciones desestabilizantes. La Constitución dice que
todos somos iguales ante la ley, es mentira. Soy una mujer grande y me pregunto
dónde está la Argentina
que conocí y qué hacemos los ciudadanos para rescatarla.
Susana Abelson
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