Por Susana Abelson
Leí
en la revista Pymes de este mes, en la sección Gestión un artículo
escrito por Palbo Winokur que me pareció muy interesante comentar y está
relacionado con que muchos emprendedores no cuentan sus ideas al mundo
por miedo a que se las roben. En realidad pienso que siempre hay gente
creativa y hay quienes tienen que copiar lo que otros hacen, pero lo que
hace a un producto final diferente es la personalidad del autor, el
cómo se lleva adelante y cuánto de energía se le pone al proyecto. La
pregunta que tenemos que hacernos y que me enseñó un profesor de
Microemprendimiento es la siguiente: ¿Por qué me van a comprar a mí y no
a otro? y de la respuesta va a salir ese rasgo distintivo que le dará
al producto el touch. Es bueno saber qué hace la competencia y el hecho
de que haya otros haciendo algo parecido es indudable que trae más
gente. Además ¿si no se comenta lo que se hace, cómo resolver el
estudio de mercado previo? Tampoco es cuestión de andar contando cuál es
el ingrediente que le da ese saborcito especial a tu plato. Mi mamá
vive a dos cuadras de Warnes y J.B.Justo, vieron lo que es la zona de
los repuesteros y todos venden, igual que en Once con el tema telas o en
la calle Jujuy con los bazares gastronómicos o la calle Libertad con
las joyas. La gente va porque está allí el producto que necesita. Según
los técnicos en ventas a esto se lo llama economía de aglomeración. En
realidad sabemos por experiencia que la idea por sí sola no tiene
valor, Lo que cuenta es la posibilidad de concretarla y el estilo que le
damos al proyecto. No siempre pesa cuánto sabemos sino cuánto
aplicamos o usamos de lo que sabemos.
Si el producto es bueno en
concepto y terminación pero tenemos un canal de marketing deficiente,
no vamos a tener buenas ventas.
Esto que voy a decir no es muy
científico pero sabemos que es cierto, muchos no comentan sus proyectos
no por miedo a que se los roben sino para que no se los quemen,( no
vamos a negar que gente con mala onda y envidia hubo siempre).
Pero
a veces el envidioso no apunta tanto a lo que tenemos o lo que logramos
sino que no soporta el estado de disfrute que nos producen nuestros
logros.
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