Por Susana Abelson
Leyendo
HBA de diciembre encontré un artículo que habla sobre el cambio
climático, la producción de alimentos, su relación con el calentamiento
global, el costo de la comida industrial. Y trata de hacernos entender
quién paga el costo ambiental de la industria alimenticia.
Me llamó la atención que estudiaron el valor del costo ambiental que tiene el consumo de hamburguesas
Quien hizo esa investigación es Rajeev Patel , un joven economista,
académico y periodista inglés, nacido en 1972, estudioso de la crisis
alimentaria mundial y activista. Reconocido como el más autorizado
exponente de la filosofía de la compartición. Sus libros más conocidos
son, ‘Obesos y famélicos’; ‘Rebeliones alimentarias’; Y el artículo al
que me refiero alude al libro ‘Cuando nada vale nada’. Patel es miembro
de Food First, Instituto para la Política del Alimento y del Desarrollo,
cuyo objetivo es "eliminar las injusticias que causan el hambre".
¿Pero qué dice respecto a la hamburguesas?
Afirma que el costo
energético de producir los 550 millones de Big Macs que se venden por
año en USA es de casi 300 millones de dólares pero deja un impacto
ecológico equivalente a 2.500 millones de libras de CO2. Referirse a
estas cantidades es hablar de la industria alimenticia. Y ya que
hablamos de cantidades, debemos pensar que estamos viviendo en un mundo
que produce tantos alimentos y hay 1000 millones de personas que
padecen hambre. Justamente los grandes productores agrícolas son quienes
utilizan plaguicidas, herbicidas, abonos químicos, y la cría de
animales a gran escala producen con sus desechos las cantidades de gas
metano que a la larga afectan el medio ambiente. Las consecuencias son
sequías o inundaciones que redundan en el alza de los precios de los
alimentos y también impactan negativamente en nuestra salud. Pero hay
productores a pequeña escala como, por ejemplo, la comunidad boliviana
en nuestro país. Al cambiar la escala de producción cambia la cultura
del trabajo de la tierra y atendiendo a estos temas, en 1966 la FAO, se
relacionó con pequeños productores y los invitó a participar del Foro
Mundial por la Seguridad Alimentaria. Así apareció el movimiento
internacional Vía Campesina, que incluye 69 países y está formado por
148 organizaciones de pequeños y medianos productores, mujeres
rurales, comunidades indígenas, trabajadores agrícolas emigrantes y
jornaleros sin tierra que expusieron su defensa de una agricultura
familiar y sobre todo sostenible. Y hablaron de soberanía alimentaria,
es decir el derecho a definir sus políticas agropecuarias y de producir
alimentos a nivel local, trabajando la tierra con métodos que no agredan
el medio ambiente.
Así que como consumidores tenemos la decisión
de elegir qué tipo de alimentos comprar. El ‘qué’ y ‘dónde’ comprar
serán tema de otra columna.
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