La mano: Importancia de los dedos

Estamos en el auge de celulares y blackberries, y nuestro pulgar trabaja sin descanso.
Movemos las manos mecánicamente, las arreglamos, las enjoyamos, decoramos y hasta hablamos con las manos. Los especialistas en manos comentan que hay allí alrededor de 17 mil terminaciones nerviosas especializadas que pueden detectar vibraciones diminutas, cambios de presión, y hasta el contacto de la pata de un mosquito. También en la mano hay 27 huesos y junto con la muñeca son la mayor concentración de huesos interrelacionados de todo el cuerpo
Dicen los quiroprácticos que al presionar el pulgar se activan el intelecto y la creatividad, pues en él reside el razonamiento lógico
Con nuestros dedos agarraramos, acariciamos, señalamos, y tantas cosas más. Tienen sus nombres: meñique el pequeño, el anular es el testigo de las promesas de amor; el dedo medio, el mayor, al que también se le llama cordial, del corazón, el índice, el acusador o el que para un taxi y pulgar; el gordo, el pícaro ladrón que se comió el huevito o el que elevado con la mano cerrada no permite decir que todo están okey, pero también nos permite mandar mensajitos. Sin ellos trabajando en conjunto no podemos abrir una puerta, tomar un café ni contar hasta cinco.
Mucho antes de lograr la bipedestación, andar en dos patas, nos distinguíamos de los simios porque nuestras manos se movían de modo ágil y selectivamente para buscar comida.
Pocos saben que nuestro dedo anular y el meñique están unidos por un tendón compartido y el pulgar y el índice son los de más autonomía estructural. Nuestras manos reciben órdenes desde el cerebro.Por ejemplo, cuando intentamos agarrar una botella con agua, la mano adopta una forma abierta de semicírculo.
Mientras que el pulgar es el dedo prensil, nos permite pellizcar de modo muy fuerte y preciso, incluso con un grado mucho mayor que el de un chimpancé. Cuando perdemos el pulgar perdemos la mitad de la funcionalidad de la mano
El gran avance del primate fue la oposición del pulgar que formó la llamada pinza de abeducción, es decir lograr que el dedo índice formara una pinza con el pulgar. Así se transforma en homo faber, es decir puede manipular y trabajar la piedra, la madera o cualquier otro elemento.
Lycett y Alastair Key en una publicación del Journal of Archeo-lóyical Science, sugieren que nuestras manos son probablemente parte de un bucle evolutivo gen-cultura, ya que nuestros ancestros comenzaron a seleccionar las herramientas de piedra y las fueron mejorando.

¿Qué dirá la antropología dentro de unos años, respecto del uso del celular?
El uso excesivo del pulgar al teclear, genera inflamaciones en el tendón y hasta problemas con el codo y el cuello. Recomiendan los traumatólogos que durante el uso del celular no dejemos los brazos suspendidos en el aire, si el mensaje es largo hay que hacer pausas, de vez en cuando estiremos los dedos para abrirlos todo lo que podamos.
En el futuro, quien no sepa usar el pulgar, será un verdadero simio.
Susana Abelson

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